domingo, 5 de diciembre de 2021

Yo llevé al Che a la muerte: "Eso de que se arrodilló e imploró por su vida es falso"

Fue quien le anunció al Che Guevara que lo iban a matar. Y desde entonces ha vivido de su leyenda. Héroe para unos, villano para otros; el cubano Félix Rodríguez combate hoy, a los 80 años y retirado en su casa de Miami, los achaques de la vejez.

Pero en su tiempo fue un hombre de acción. Este exgente de la CIA protagonizó algunas de las páginas más memorables y controvertidas de la historia de Estados Unidos en plena Guerra Fría, desde la fallida invasión de Bahía de Cochinos, pasando por la captura del Che en Bolivia y la guerra de Vietnam, hasta el escándalo del Irán-Contra.

Cuesta creer que este hombre hinchado, encorvado y duro de oído fuera en tiempos un as de las operaciones encubiertas. Atrincherado hoy en el sofá de su sala de estar, desde donde controla el circuito de cámaras de vigilancia que custodia su propiedad, rodeado por armas, viejas banderas y fotos de sus aventuras, comparte sus recuerdos con El Confidencial.

Por la libertad (o contra el comunismo)

Sufre de la espalda -cuenta- por tantas horas de vuelo en helicóptero sobre tierras remotas. Pero celebra que la cabeza la tiene bien. Últimamente está de buen humor porque el gobernador de Florida, Ron DeSantis, alumno aventajado del trumpismo, acaba de concederle la medalla de la libertad del estado del 'sol radiante' por su “meritoria contribución a la causa de la libertad en todo el mundo”. En realidad, donde dice libertad lo que DeSantis ensalza es una vida dedicada a la lucha contra el comunismo.

"Una cosa muy bonita sobre el papel, que promete la igualdad de todos cuando en realidad solo una pequeña élite controla todo mientras el pueblo vive en la miseria", resume Rodríguez.

Su larga lucha contra los movimientos revolucionarios de inspiración marxista, cuyo principal escenario de operaciones fue América Latina, estuvo repleta de episodios de guerra sucia, como el que terminó con la vida del Che y lo convirtió para siempre en mito revolucionario. De eso tiene mucho que contar Rodríguez, y le encanta hacerlo. Suelta su prolijo relato con voz castrense, sin apenas reparar en las preguntas. Quizá no las oye; quizá no le interesan.

Tamara Fariñas

Criado en la localidad cubana de Sancti Spíritus, su tío fue ministro de Obras Públicas de Fulgencio Batista, el dictador al que derrocó la revolución de los hermanos Castro en 1959. Fue su tío quien le ofreció estudiar en Estados Unidos, que acabaría convirtiéndose en su país de adopción. Impactado por los fusilamientos que siguieron al triunfo de la Revolución cubana, se enroló con apenas 17 años en la Legión Anticomunista del Caribe, un grupo de voluntarios reunido por el dictador dominicano Rafael Leónidas Trujillo para lanzar operaciones contra la Cuba castrista. Según su relato, los mandos de la operación le impidieron participar en el intento de asalto por su juventud. Tuvo suerte, porque la cosa terminó en un desastroso conato de invasión en la zona de Trinidad que el Ejército cubano neutralizó con facilidad.

Kill Castro

Fue su primer intento de lograr el que ha sido uno de los grandes objetivos de su vida: derribar al Estado socialista cubano. No lo disimula. En una de las placas que adornan su casa se lee “Kill Castro”, junto a una imagen de Fidel. Con esa idea en mente, regresó a Cuba en 1961 como parte de un equipo infiltrado. Su misión era ser la unidad que agitaría La Habana para apoyar el intento de invasión de Bahía de Cochinos, que tuvo el respaldo de Estados Unidos. Aquello tampoco salió bien. “No dominamos el aire por una serie de decisiones absurdas que se tomaron”, lamenta aún hoy el excombatiente.

Rodríguez formaba parte de la Brigada 2506, el grupo de combatientes exiliados cubanos financiado por Washington que se entrenaba en secreto en Guatemala con intención de recuperar Cuba para el “bando de la libertad”. La historia cuenta que aquello fracasó porque el presidente John F. Kennedy no quiso prestar apoyo militar estadounidense. Rodríguez no le guarda el rencor que muchos en el exilio cubano aún le tienen.

T.F.

“Muchos de los nuestros le consideran un traidor; yo creo que fue un presidente inexperto que metió la pata por el mal asesoramiento que le dieron, pero se sintió responsable de la operación e hizo todo lo que pudo por liberar a quienes habían caído presos en Cuba”, asegura.

En 1965, ya al servicio de la inteligencia estadounidense, viajó de nuevo a Cuba para tomar fotografías de una base de misiles que los soviéticos habían instalado en la Isla de la Juventud. Fue la última vez. En 1967 la puerta se cerró para siempre.

“Me impusieron una orden de fusilamiento por lo que pasó con el Che”.

Insurgente en Bolivia

Rodríguez fue enviado a Bolivia después de que la CIA tuviera conocimiento de que el Che se encontraba en el país. El guerrillero estaba tratando de impulsar una insurgencia contra el Gobierno del presidente René Barrientos, como parte del objetivo de Fidel Castro de extender los ideales de la izquierda revolucionaria por América Latina. “El ejército boliviano no tenía ninguna experiencia en contrainsurgencia y en los primeros encuentros los soldados bolivianos entregaban los fusiles y se rendían a las primeras de cambio”.

Washington envió equipos de la División de Actividades Especiales de la CIA y tropas de élite para entrenar y apoyar a los militares bolivianos en su lucha contra la insurgencia. Así llegó Rodríguez. Finalmente, lograron su objetivo principal el 7 de octubre, después de arrinconar a la partida de guerrilleros que comandaba el Che en la Quebrada de Yuro. Herido en una pierna en el combate que culminó con su captura, el Che fue encerrado en una escuela en la cercana aldea de La Higuera.

T.F.

Rodríguez no oculta su respeto por cómo se comportó el argentino. “Eso que dicen, que se arrodilló e imploró por su vida, es falso”.

“Yo sabía todo el mal que había hecho en Cuba, pero tengo que mostrar respeto por la dignidad con que se manejó en su final”. Un final del que Rodríguez se ha convertido en el mejor narrador.

Anunciar la muerte

Según cuenta, fue él quien atendió la llamada en la que se informó de la orden del presidente Barrientos de ejecutar al Che. Como el gobierno estadounidense lo quería vivo para interrogarlo, Rodrígez intentó disuadir a los bolivianos, pero no tuvo éxito. Barrientos temía las posibles protestas e implicaciones que tendría un largo juicio contra el líder revolucionario en Bolivia y prefirió cortar por lo sano. Rodríguez transmitió la orden recibida y fue a informar al prisionero.

“Entré donde estaba y le comuniqué lo que iba a suceder. Me dijo ‘es mejor así, yo nunca debí ser capturado con vida’, y nos dimos un abrazo”.

La foto de Félix Rodríguez con el Che. (Foto: Félix Rodríguez)La foto de Félix Rodríguez con el Che. (Foto: Félix Rodríguez) La foto de Félix Rodríguez con el Che. (Foto: Félix Rodríguez)

Rodríguez, no obstante, se aseguró de pasear a Guevara ante los soldados bolivianos y tomarse con él una fotografía en la que un Che churretoso y andrajoso luce la mirada sombría del que se sabe condenado; él la del cazador que exhibe orgulloso su presa. La instantánea pasó a la historia como la última imagen que hay con vida del Che y Rodríguez la sigue usando como souvenir. Le regala una copia a las visitas con la dedicatoria: “Recuerdo de este 9 de octubre de 1967 en La Higuera, Bolivia, donde quizá cambió un poco la historia del mundo a nuestro favor”.

Pocos minutos después de posar para la foto, el histórico guerrillero caía bajo las balas de la carabina del joven sargento boliviano Mario Terán. A la pregunta de si se arrepiente de algo de todo aquello, responde que solo de haberle cedido al sargento que lo ejecutó la pipa en la que fumaba el Che.

Símbolo conservador

La misión de Bolivia fue el punto álgido de su hoja de servicios en la CIA, aunque después vendrían sus cientos de acciones en combate en Vietnam. Ahora, en medio de los homenajes que sigue recibiendo en círculos conservadores estadounidenses, dedica sus energías al museo que ha fundado en Miami para recordar a los voluntarios derrotados en Cochinos.

Sigue pensando en Cuba, más ahora que la contestación al castrismo parece resurgir en la isla. “La gente allí se está muriendo porque no tienen medicinas y al final va a haber una explosión que va a hacer que vengan cambios”.

¿Querría entonces volver a Cuba, ya no como agente de Estados Unidos, sino como cubano que regresa a su patria? “Me gustaría, pero solo de visita, porque ya nunca va a ser la Cuba que yo conocí”. Hasta entonces, seguirá firmando sus fotos con el Che preso y a punto de morir en Bolivia. Nunca la muerte de un hombre marcó tanto la vida de otro.



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