sábado, 25 de diciembre de 2021

Ruina en el portal de Belén: la pandemia tiene acorralado al símbolo de la Navidad

Hace tan solo unas semanas, la expectación bullía en Belén, cuna del cristianismo, preparándose para su fiesta grande. Después de ocho años, por fin se habían terminado las obras de renovación en la basílica de la Natividad. Por primera vez en 500 años, las columnas paleocristianas y los mosaicos del siglo XII, antaño ennegrecidos por el hollín de las velas, lucían limpios y brillantes. Estaba todo en perfecto estado de revista, a tiempo para la Navidad. También crecían las ganas: el confinamiento y el toque de queda, que el año pasado vació por completo las calles de festividades y vecinos, invitaban a celebrar con más ahínco esta Navidad. Y la apertura de las fronteras en Israel el pasado 1 de noviembre auguraba el retorno paulatino de los peregrinos, claves para la economía local. Los palestinos miraban la Navidad con esperanza. Pero la última ola de la pandemia del covid-19 y las nuevas restricciones, muchas impuestas por el Gobierno de Israel, han terminado por ahogar esa ilusión.

Estos días, en Belén varias personas se fotografían delante del inmenso árbol de Navidad de la plaza del Pesebre; otras pasean por la calle de la Estrella, iluminada con cientos de lucecitas; otras hacen compras en el mercado navideño, al son de los villancicos... Parece una Navidad cualquiera en la ciudad, pero con el gran ausente: no hay extranjeros. Pese al jolgorio aparente, el ambiente general en la ciudad es de pesimismo.

Fadi Shafei. Gaza

El Gobierno del primer ministro Naftalí Bennett volvió a cerrar a cal y canto el país el día 29 de noviembre ante la amenaza de la variante ómicron. Fue el primer país del mundo en hacerlo. Israel ha sido, durante toda la pandemia, uno de los países más restrictivos con los viajeros y apenas ha estado abierto un par de meses desde marzo de 2020. Palestina, por su parte, no tiene el control de sus fronteras y la medida israelí de paralizar la llegada de turistas al aeropuerto de Ben Gurion, en Tel Aviv, implica detener el flujo de peregrinos a Belén, en la Cisjordania ocupada. La frontera con Jordania, bajo control militar israelí, también está cerrada. Los únicos visitantes a la ciudad esta Navidad serán otros palestinos, algún israelí que quiera visitar la zona —sobre todo árabes cristianos con pasaporte israelí— y algún expatriado radicado en Tierra Santa.

Vendedores de globos en Belén, frente a la iglesia de la Natividad. (EFE/Abed Al Hashlamoun)Vendedores de globos en Belén, frente a la iglesia de la Natividad. (EFE/Abed Al Hashlamoun) Vendedores de globos en Belén, frente a la iglesia de la Natividad. (EFE/Abed Al Hashlamoun)

“Tener turistas locales ayuda un poco, pero no mucho. Nuestro trabajo está destinado a los turistas extranjeros y hace demasiado tiempo que no vienen por aquí”, lamenta Bassem Giacaman, cristiano palestino propietario de una tienda de artesanía en la calle de la Gruta de la Leche, a tiro de piedra de la basílica de la Natividad. “Cuando Israel anunció que abría fronteras, estaba muy contento e, incluso, volví a contratar a un trabajador... Pero ahora he tenido que reducirle la jornada”, se queja Giacaman, que ha tenido cerrada durante cerca de 20 meses su Blessings Gift Shop. “Lo que estamos viviendo ahora mismo es peor que los tiempos de mayor violencia en Palestina. Entonces, había momentos en los que dejaba de venir gente, pero duraba poco. Ni en las intifadas dejamos de recibir visitantes. El covid ha sido mucho peor”, asegura. “Es todo muy estresante emocional y financieramente”.

"Ni en las intifadas dejamos de recibir visitantes. El covid ha sido mucho peor"

Belén es una ciudad que depende enormemente del turismo y la Navidad es el momento del año en el que llegan más extranjeros. En 2019, la ciudad recibió cerca de 3,5 millones de turistas. Michel Awad, director de Siraj Center, una organización con sede en Belén especializada en turismo responsable en Cisjordania, calcula que entre el 75 y el 80% de los negocios en la ciudad viven directa o indirectamente del turismo. Son restaurantes, hoteles, tiendas de artesanía y turoperadores, a menudo regentados por cristianos; una minoría en la ciudad, pero muy activa en el sector. Awad asegura que esta Navidad estaba previsto un 70% de ocupación en los hoteles de Belén y apunta que la falta de visitantes a Cisjordania ha producido pérdidas económicas en todo el territorio por valor de 1.300 millones de euros.

Ethel Bonet. Beirut

"Desde que se cerraron las fronteras a los turistas, la mitad de los negocios de la ciudad están cerrados y ocho hoteles que estaban en construcción han detenido las obras", relata Awad. Muchos guías y artesanos que vivían del turismo han tenido que cambiar de sector o se han ido al extranjero y a Israel. El covid está siendo un nuevo motivo para el imparable éxodo palestino. Y especialmente para la incesante salida de cristianos árabes de Tierra Santa. "Para cuando podamos volver a trabajar, nos habremos quedado sin personal", señala el empresario.

El covid está siendo un nuevo motivo para el imparable éxodo palestino

"Al principio, la gente tiraba de sus ahorros, pero hace tiempo que no tienen de qué vivir", dice Awad, quien detalla también que muchos empresarios, viendo las cifras récord en turismo del año 2019, pidieron préstamos para ampliar sus negocios, y que ahora se ahogan en deudas y plazos por pagar. Además, asegura, a diferencia del sector turístico israelí, la Autoridad Nacional Palestina no ha hecho promoción del sector, las empresas palestinas no han recibido ningún tipo de ayuda económica por parte del Gobierno y los trabajadores no cobran el paro. “Ya no podemos competir frente a las empresas israelíes”, dice.

Al otro lado del muro

En Israel, pese a las ayudas del Gobierno al sector turístico, la situación tampoco es buena. En los destinos tradicionales del turismo religioso, como Jerusalén y Nazaret, la falta de peregrinos se ha notado con fuerza y son centenares los negocios que han cerrado y miles las familias —especialmente árabes— que han visto perjudicada su economía por el cierre de fronteras. El alcalde de Nazaret, Ali Salam, explica que su municipio depende mucho del turismo —“en un 70%, más o menos”— y reconoce que la ciudad ha pasado de un 4% de paro antes del covid-19 a un 45%. “Hemos trabajado para reabrir la restauración y los hoteles, pero desafortunadamente la mayoría están cerrados. No hay turismo extranjero, solo interno. Y eso es algo que, como alcalde, me preocupa mucho”, dice Salam.

Nazaret ha pasado de un 4% de paro antes del covid-19 a un 45%

Haim Salami, director del hotel Ramada Olivie de Nazaret, explica que, antes de la pandemia, la mayoría de clientes de su hotel eran extranjeros y que tenían una gran ocupación, pero que “todo se paró al 100% en marzo de 2020”. Desde entonces, han pasado muchos meses cerrados o trabajando bajo mínimos. “Esta Navidad tenemos, de media, un 20% de ocupación. Es un 80% menos de lo que sería normal por estas fechas”, explica Salami, que dirige este establecimiento de cinco estrellas desde su apertura en 2017. Con unas 200 habitaciones, salas de reuniones, 'spa', gimnasio, piscina y restaurante, el hotel empleaba a unas 140 personas en épocas normales, sin contar trabajadores extras en temporada alta. Ahora, apenas tiene contratadas a 50, y la mayoría a tiempo parcial. “Con la apertura de fronteras en noviembre tuvimos una subida en las reservas, pero ahora se ha vuelto a parar. Ahora vivimos de las reservas que tuvimos por Janucá y de los turistas locales los fines de semana”, dice.

Una peregrina cristiana en la iglesia de la Natividad en Belén. (EFE/Abed Al Hashlamoun)Una peregrina cristiana en la iglesia de la Natividad en Belén. (EFE/Abed Al Hashlamoun) Una peregrina cristiana en la iglesia de la Natividad en Belén. (EFE/Abed Al Hashlamoun)

En tiempos normales, recuerda el alcalde Ali Salam, el 70% de los turistas extranjeros que visitaban Israel pasaban al menos un día en Nazaret, ciudad natal de la Virgen María y donde Jesucristo pasó su infancia y adolescencia. Con el cierre de las fronteras, la ciudad se ha quedado sin visitantes extranjeros y, como tantas otras, se ha visto obligada a promocionarse entre los locales para salvar los muebles. Aunque su público objetivo está en la población árabe cristiana —minoritaria en el país— y en los turistas religiosos cristianos, la ciudad también quiere atraer a judíos y musulmanes a sus calles. “Animo a todos los amantes de la paz a venir a Nazaret, que es la ciudad de la paz, donde cristianos y musulmanes vivimos juntos, como una sola familia”, declara Salam.

Sí al 'Birthright', no a la Navidad

Los cristianos árabes, tanto israelíes como palestinos, han acusado a Israel de discriminarles con las restricciones al turismo. A principios de diciembre, el Gobierno de Naftalí Bennett decidió hacer una excepción en la prohibición de visitar Israel y permitir la entrada de los participantes en el proyecto ‘Birthright’ ('derecho de nacimiento', en inglés), un programa que organiza viajes a la Tierra Prometida para miles de jóvenes judíos de todo el mundo. En las últimas semanas, pese a las restricciones impuestas a todos los turistas en plena campaña navideña, diversos grupos de jóvenes israelíes de los Estados Unidos han llegado a Israel aprovechando la excepción.

En un mensaje en redes sociales el 16 de diciembre, Wadie Abunassar, portavoz y asesor de las iglesias de Tierra Santa, dijo que varias denominaciones cristianas estaban muy molestas por el trato selectivo del Gobierno y acusó a Israel de discriminar a los peregrinos cristianos. "¡La discriminación racista nunca debe aceptarse de ninguna manera!", escribió en Facebook. "Insto a las autoridades israelíes a tratar a todos aquellos que quieran visitar el país por igual sin discriminación alguna entre religiones".



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