viernes, 3 de diciembre de 2021

La carrera de las vacunas contra ómicron: el plan de las farmacéuticas para conseguirlas

La aparición de la variante ómicron nos devuelve un viejo fantasma de la pandemia: ¿y si las vacunas dejaran de funcionar? Cada vez que surgía una nueva versión del virus con cambios significativos, nos hacíamos esa pregunta, y en esta ocasión no iba a ser menos, sobre todo porque acumula el mayor número de mutaciones del SARS-CoV-2 conocido hasta ahora. Lo cierto es que hay buenas razones para estar relativamente tranquilos: la experiencia anterior nos dice que la inmunización ha sido efectiva en todos los casos, incluso cuando 'in vitro' el virus parecía esquivar las defensas de los vacunados. Si hay una pérdida de efectividad, es probable que solo sea parcial. En cualquier caso, hay que estar preparados para lo peor y las farmacéuticas ya están adaptando sus dosis.

La presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, desveló hace días que el contrato con Pfizer incluye una cláusula por la que la empresa debe adaptar su vacuna en 100 días si las mutaciones del virus así lo exigen. La farmacéutica estadounidense, aliada con la alemana BioNTech, ya ha adelantado que no habría ningún problema para administrar las primeras vacunas específicas para ómicron en ese plazo. En cualquier caso, debe entregar 1.800 millones de dosis a la Unión Europea en 2022 (suficientes para pinchar cuatro veces a cada ciudadano). Por su parte, Moderna ha ofrecido más detalles sobre sus planes para responder a ómicron. Janssen y AstraZeneca también están trabajando en esta línea, pero a estas alturas la apuesta de Europa por las dosis de refuerzo parece centrarse en las vacunas de ARN (Pfizer y Moderna), las que se han mostrado más eficaces y han dado menos problemas de distribución y seguridad.

Fran Sánchez Becerril

¿Cómo será este proceso? ¿Tan fácil es cambiar las vacunas para que sean efectivas contra una nueva variante? ¿Harán falta nuevos ensayos clínicos para comprobarlo? Y si es así, ¿serán necesarias nuevas autorizaciones? La directora ejecutiva de la Agencia Europea de Medicamentos (EMA), Emer Cooke, ha advertido de que este organismo tardaría “tres o cuatro meses” en dar el visto bueno a las nuevas vacunas. La pregunta es si todas estas incógnitas nos sitúan ante un escenario complicado para los próximos meses en el caso de que ómicron sea tan peligrosa como prevén los peores augurios.

En el aspecto meramente científico, la modificación que deben realizar es una tarea sencilla. “Todas las vacunas están basadas en la proteína S, así que es cuestión de adaptarlas a la variante”, recuerda en declaraciones a Teknautas Sonia Zúñiga, viróloga e investigadora del Centro Nacional de Biotecnología (CNB-CSIC), que trabaja en el desarrollo de una vacuna española en el laboratorio de Luis Enjuanes e Isabel Sola. En la ómicron, la proteína S del virus ha cambiado notablemente, porque acumula 32 mutaciones, así que las nuevas dosis incorporarían estas modificaciones para que el sistema inmunitario siga reconociendo y atacando al SARS-CoV-2.

“La adaptación es fácil”, confirma Jaime Pérez Martín, experto de la Asociación Española de Vacunología (AEV), “se trata de cambiar el antígeno, y ese procedimiento es bastante sencillo”. En el caso de las vacunas de ARN, llevan las instrucciones genéticas para que nuestras propias células fabriquen esa proteína de la espícula y se produzca la respuesta inmune del organismo sin tener contacto con el resto del virus y, por lo tanto, sin enfermar. También las vacunas de adenovirus podrían hacer los cambios con bastante rapidez, aunque hoy por hoy tengan menos posibilidades de ser las elegidas como refuerzo.

Dosis de recuerdo. (EFE)Dosis de recuerdo. (EFE) Dosis de recuerdo. (EFE)

Adaptar las vacunas no es un problema desde el punto de vista tecnológico y logístico, otra cosa es ver qué exigen las agencias reguladoras, una vez que las farmacéuticas tengan adaptada la vacuna, para que sea suministrada a la población”, comenta Zúñiga. En el caso de la vacuna de la gripe, cambia cada año para adaptarse al virus, que muta temporada tras temporada, pero no se exigen ensayos clínicos para comercializar las nuevas dosis. Sin embargo, Pfizer y Moderna sí realizaron nuevos estudios específicos para la adaptación de sus productos a las variantes beta y gamma del SARS-CoV-2 (las variantes sudafricana y brasileña, respectivamente). Finalmente, se comprobó que las anteriores vacunas contra el covid seguían siendo eficaces, así que no se llegaron a administrar a la población y las farmacéuticas ni siquiera solicitaron una autorización.

¿Cómo serán los ensayos?

¿Qué pasará ahora? “Ya no se van a pedir datos de eficacia, pero sí tienen que hacer ensayos clínicos de inmunogenicidad”, comenta Pérez Martín. Es decir, que no será necesario comprobar con grandes estudios poblacionales y miles de participantes que la vacuna funciona y es segura (esto ya lo sabemos desde hace un año y, en esencia, el fármaco va a ser el mismo), sino que se analizará si la nueva versión de la vacuna induce una mejor respuesta inmune frente a ómicron que las anteriores. No obstante, eso implica múltiples posibilidades y las farmacéuticas han diseñado diferentes estrategias para poder presentar conclusiones robustas.

Por ejemplo, Moderna ya ha realizado un ensayo con más de 300 participantes anteriormente vacunados a los que se inyectaba un refuerzo del fármaco original, pero con una dosis más alta (100 microgramos), lo que aumentaba sus defensas. Ahora estudiará 'in vitro' si esa dosis más alta protege de ómicron. Además, había desarrollado dos candidatos vacunales de refuerzo 'multivalente', es decir, una combinación de antígenos que ya incluía algunas mutaciones observadas en otras variantes y que, por lo tanto, también podría ser útil en este nuevo escenario. Finalmente, ahora están desarrollando un nuevo producto específico para ómicron. La combinación de opciones aún es más compleja porque van a tratar de evaluar en todos los casos distintas dosis (de 50 y 100 microgramos). Aunque los ensayos sean limitados en cuanto al número de participantes, ofrecerán una idea de la eficacia de los anticuerpos generados a la hora de neutralizar la nueva variante del virus.

Vacunación por Navidad. (EFE)Vacunación por Navidad. (EFE) Vacunación por Navidad. (EFE)

Inicialmente, estos estudios se plantean como una dosis de refuerzo para pacientes ya vacunados. “Incluir en los ensayos a no vacunados sería muy complejo”, asegura el vacunólogo. Al menos en Europa, la mayoría de la población está vacunada y “quien no ha querido ponerse la inyección a estas alturas es muy difícil que entre en un ensayo clínico”. Del mismo modo, por el momento nadie se plantea inyectar dobles dosis de la nueva vacuna adaptada, porque se da por supuesto que las primeras dos dosis ya contribuyen a la protección.

Autorizaciones y plazos

Raquel Carnero, consultora de la industria farmacéutica especialista en vacunas, explica que la EMA ya tiene previsto el procedimiento desde el pasado mes de febrero, cuando lanzó un documento específico acerca de los requisitos para autorizar nuevas vacunas para el covid adaptadas a las variantes. “Como la única diferencia es la estructura del antígeno, no les van a pedir ensayos clínicos enormes, solo medir los anticuerpos neutralizantes de la vacuna original con respecto a la nueva. La exigencia será que, como mínimo, sean equivalentes”, explica. Este aspecto es importante, porque las personas mayores y vulnerables ya han recibido o están recibiendo las terceras dosis, así que habría que valorar si merecería la pena, en un futuro próximo, administrar una cuarta inyección adaptada a la ómicron o no.

Teknautas

Por otra parte, al tratarse de una leve modificación de un producto ya autorizado, se da por supuesto que tendrán “el mismo proceso de fabricación, en las mismas plantas y con los mismos controles de calidad”. Es decir, que los trámites para dar luz verde consistirán en “un procedimiento acelerado y sin evaluación de calidad”, lo que facilitará que los plazos se puedan acortar. En este sentido, los expertos creen que los “tres o cuatro meses” de los que hablaba la directora ejecutiva de la EMA son una exageración. La realidad es que, si la pandemia se complica por esta nueva variante, la agencia regulatoria europea se verá presionada tanto por las autoridades políticas como por las decisiones que tomen los organismos homólogos en EEUU y el Reino Unido, que ya fueron más rápidos con las primeras vacunas.

No obstante, si estuviéramos realmente ante una emergencia que aconsejara poner las nuevas dosis adaptadas con la mayor celeridad, las farmacéuticas y los sistemas de salud se enfrentarían de nuevo a un importante reto de producción, distribución y administración de vacunas. No sería como el de hace un año, cuando el proceso arrancaba con muchas incertidumbres y había que vacunar con doble dosis a todo el mundo, pero de nuevo se prolongaría durante meses con una sociedad ya muy fatigada. Mientras nos preparamos para lo peor, aún podemos confiar en que la variante ómicron no sea tan terrible y todo esto se quede en nada.



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