domingo, 28 de noviembre de 2021

Un 90% de vacunados pero sigue la amenaza: por qué la inmunidad de grupo ya no existe

Por primera vez, el Ministerio de Sanidad ha comenzado a ofrecer datos diferenciados de covid entre vacunados y no vacunados y algunas cifras son reveladoras acerca de cuál es el verdadero impacto de las vacunas en la pandemia. La incidencia media semanal de las últimas ocho semanas ofrece una tasa de 23,1 casos por 100.000 habitantes entre los que tienen la pauta completa, mientras que la tasa de la población que no ha recibido ninguna dosis se dispara hasta el 64,5. Dicho de otra forma: los no vacunados se contagian casi tres veces más. A pesar de todas las incertidumbres que pueda crear la nueva variante sudafricana el dato es muy significativo con todas sus luces y sus sombras: la diferencia es espectacular, pero el virus sigue circulando.

Si analizamos tramos de edad, en algunas franjas la diferencia está mucho más marcada. Por ejemplo, entre 12 y 17 años esa tasa semanal media se multiplica por seis (9,6 en vacunados frente a 59,7 en no vacunados). En los adultos jóvenes no hay tanta distancia: 17,6 frente a 55,2 (18-29 años); 26,7 frente 49 (30-39); 29,2 frente a 63,3 (40-49 años); y 21,9 frente a 93,6 (50-59 años). Sin embargo, en las edades más avanzadas, las más afectadas por el covid, el efecto de las vacunas en los contagios resulta espectacular. De 60 a 69 años la tasa se queda en 23,5 para los vacunados y sube a 181,5 en los no vacunados. De 70 a 79, es de 23,6 y 182,7, respectivamente. Y en los de 80 o más años, pasa de 23,6 a 105,7.

José Pichel

En realidad, la misión de las vacunas era evitar la enfermedad grave y en ese apartado el éxito es mucho más rotundo. Solo un dato: la tasa de hospitalizados entre 60 y 79 años es de 2 por 100.000 habitantes entre los vacunados y de 35,7 entre quienes no han recibido la vacuna. Sin embargo, los datos de la incidencia también son muy significativos. Por una parte, evidencian que la vacunación tiene un beneficio extra: reducir los contagios. Por otra, confirman algo que ya se venía sospechando desde hace meses si observábamos la incidencia y la cobertura vacunal, tanto de España como de otros países: la famosa inmunidad de grupo no parece existir en esta enfermedad.

Casi desde el principio de la pandemia se convirtió en un mantra: había que llegar al 70% de personas inmunizadas para acabar con la pesadilla del covid. Es decir, si la mayoría de la población se vacunaba, se crearía un escudo de protección que impediría la transmisión. Ahora que en España hemos llegado a un 80,6% de la población total con al menos una dosis y a un 90,8% de la población diana (mayores de 12 años), vemos claramente que el virus no se ha detenido. En las últimas semanas los casos han ido creciendo y la incidencia acumulada a 14 días por 100.000 habitantes llega ya a 139,1. No es alarmante si se compara con otros momentos de la pandemia y sobre todo si tenemos en cuenta que, precisamente por la vacunación, la repercusión en los hospitales va a ser muy atenuada. Los datos diferenciados entre la población que ha recibido las inyecciones y la que no añaden información muy valiosa para situarnos ante debates actuales, como la utilidad del pasaporte covid, y para comprender errores pasados, como poner el foco en la meta de la inmunidad de rebaño.

De hecho, hay países europeos que rondan el 70% de vacunados cuya situación es bastante crítica. Alemania se sitúa exactamente en ese porcentaje de cobertura y viene batiendo récords de contagios en los últimos días. La incidencia acumulada alcanza los 400 casos por 100.000 habitantes a 7 días (ese es el dato de referencia en el país germano, pero a 14 días supera ampliamente los 700). Austria, confinada de nuevo desde este lunes, supera los 1.100 con el 65% de la población con la pauta completa. Incluso Portugal, uno de los pocos países que supera a España en cobertura vacunal, tiene una incidencia acumulada a 14 días de 240.

Vacunación. (EFE)Vacunación. (EFE) Vacunación. (EFE)

El epidemiólogo Joan Carles March, experto de la Escuela Andaluza de Salud Pública, considera que no existe tanta diferencia entre los datos de vacunación de muchos países del centro de Europa y los de España como para que estemos libres de volver a una situación complicada. No obstante, destaca un dato de entre todos los que ha publicado el Ministerio de Sanidad: entre las personas de 60 a 80 años el riesgo de contagio se multiplica por ocho si no están vacunadas. "Es muy revelador", asegura, no solo acerca del efecto de las vacunas, sino también de su impacto en la evolución de la pandemia.

Sin embargo, hay otros factores que pueden marcar la diferencia. Por ejemplo, "en España la mascarilla es un elemento fundamental, mientras que en Alemania y en Austria su uso ha sido muy bajo, así que las posibilidades de infección en los interiores se han incrementado mucho". También el factor de la ventilación es esencial y es posible que en el caso español se haya tenido más en cuenta. De todos modos, considera que no hay que ser triunfalistas porque "lo que ha pasado allí puede pasar aquí, como hemos visto durante toda la pandemia".

Las cifras del Ministerio de Sanidad son "datos de vida real que confirman estudios científicos anteriores", explica Alfredo Corell, catedrático de Inmunología de la Universidad de Valladolid. De hecho, algunas de esas investigaciones indicaban que las posibilidades de contagio se reducían un 50% y otras hablaban de hasta dos tercios, aproximándose mucho a lo que está sucediendo. Los estudios también revelan otros detalles que pueden explicar cómo actúa la vacunación en el conjunto de la población. Por ejemplo, que "las personas vacunadas que se contagian eliminan el virus mucho más rápido", destaca el inmunólogo.

Un concepto mal usado

Para March, a pesar de los datos de contagios en vacunados y no vacunados, la idea de que podemos conseguir una inmunidad de grupo a partir de un porcentaje de personas vacunadas era errónea: "Ni lo hemos conseguido ni lo vamos a conseguir", afirma. A pesar de todo, ¿alguna vez tuvo sentido este concepto para frenar la pandemia? Algunos expertos creen que no. Para que lo tuviera, tanto la inmunización natural, a través de la infección, como la artificial, a través de las vacunas, tendrían que bloquear la transmisión. Así una persona curada o vacunada no podría contagiarse ni contagiar.

Zona covid en un hospital. (Reuters)Zona covid en un hospital. (Reuters) Zona covid en un hospital. (Reuters)

Aunque se sabía que el efecto de las vacunas no era esterilizante, cabía la posibilidad de que en la práctica las personas inmunizadas se convirtieran en un muro para el virus y probablemente eso es lo que sucede, pero no en la medida en que sería necesario para cortar por completo las cadenas de transmisión. El cálculo del 70% estaba basado en el número básico de reproducción (R0, número de personas nuevas a las que infecta cada contagiado) que se atribuía al SARS-CoV-2. Si el R0 era de 3, la inmunidad de grupo estaría en el 66,6%. La experiencia con otras enfermedades avalaba la idea: por ejemplo, el sarampión requiere un 95% de población protegida para alcanzar la inmunidad de grupo porque es extremadamente contagioso.

Sin embargo, las nuevas variantes hicieron que la R0 se disparase, porque han resultado más contagiosas que el virus original de Wuhan. Esto no impidió que siguiéramos hablando del 70% como objetivo. Aun así, ¿habríamos alcanzado la inmunidad de grupo sin la variante delta? La demostración de que los vacunados se contagian bastante menos a pesar de que delta sea dominante podría hacernos pensar que sí, pero los expertos no están seguros. Según March, las características del virus hacen difícil pensar en que la vacunación pudiera erradicarlo por muy amplia que fuera.

Corell coincide en que el concepto de inmunidad de rebaño está muy manido y muy mal utilizado, pero cree que en la práctica España puede estar muy cerca de lograr algo parecido. De hecho, al analizar la incidencia ve una brecha entre los países europeos que han alcanzado una tasa de vacunación por encima del 75% (cifra a la que habría que sumar los que han superado la enfermedad y posteriormente no se han vacunado) y el resto. "Estas vacunas se han estudiado con lupa y se les ha puesto la etiqueta de que no esterilizan, pero es que casi ninguna lo hace. Si en otras enfermedades infecciosas, como la tosferina o la difteria, se hicieran controles todos los días a miles de personas, probablemente tendríamos a gente positiva asintomática", apunta. Las vacunas de otras enfermedades, "aunque no sean esterilizantes, cortan la transmisión".

El Confidencial

En cualquier caso, "es un error no investigar qué pasa con los no vacunados: quiénes son, cómo son, qué necesitan y por qué no se vacunan", destaca March. "No han tenido en cuenta que tienen diferentes motivos para no hacerlo y, si no los conocemos, solo tenemos una idea global y no acertamos en las medidas. A partir de ahí hay que establecer estrategias que ayuden a mejorar la vacunación, porque la inmunidad de grupo no va a llegar y este conjunto de personas más vulnerables puede afectar a los hospitales, a las muertes y al proceso global de la pandemia", señala March.

En la línea del estímulo a la vacunación, últimamente se habla del pasaporte covid, también como un elemento que incrementaría la seguridad. ¿Cobra más sentido esta medida ahora que los datos evidencian que los no vacunados se contagian más? "Tampoco es la panacea, depende de los espacios", opina el epidemiólogo de la Escuela Andaluza de Salud Pública. "Para entrar en un teatro, donde se mantiene el uso de la mascarilla todo el rato, no marcaría la diferencia; pero quizá sería de utilidad en una discoteca o en un gimnasio", añade.

Por otra parte, este miércoles la presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, pedía que se ofreciera una tercera dosis a todos los adultos, priorizando a los mayores de 40 años. Los expertos siguen considerando que es recomendable para las personas vulnerables, pero que no sería necesaria para la población general. "¿Por qué Europa decide esto? Obviamente, porque no todos los países están en la situación de España, en otros la transmisión está siendo mayor", comenta el catedrático de la Universidad de Valladolid. ¿Esa tercera dosis podría ser eficaz para cortar la circulación del virus? "Reforzaría el nivel de anticuerpos, que es lo único que se está mirando, pero no sabemos si eso vale para algo en la vida real, no hay evidencia de que nos proteja del contagio".



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