martes, 16 de noviembre de 2021

Los ‘riders’ llegan al pueblo

Son las 21 horas de un sábado en un lugar de La Mancha cuyo nombre no va a aparecer en este reportaje. Joaquín (nombre ficticio) acaba de comenzar su turno como repartidor de Glovo en este municipio de 30.000 habitantes. A diferencia de otros compañeros, aún no le ha llegado su mochila, así que lleva dos meses repartiendo con las bolsas que le dan los establecimientos, a veces de cartón con el logo de la compañía, otras una estándar de plástico.

“Un conocido me comentó si quería trabajar para Glovo y estaba interesado, porque me dedicaba a arreglar móviles en mi casa y poco más”, cuenta este ‘rider’, de 22 años. “Al principio me dejaron una cuenta para que probara y no me diera de alta como autónomo si decidía dejarlo a los pocos días”, continúa el joven: “Lo probé, vi que no se ganaba mal, me ponía mis horarios y dije: ¿por qué no?”. En el caso de esta localidad, hay una persona que funciona de rider entre la central de la compañía, los riders que quieren trabajar en la localidad y los restaurantes que quieren repartir su comida con ellos.

El caso de este municipio manchego no es una prueba ni un ejemplo aislado. Tras haberse expandido por las capitales de provincia de toda España, Glovo lleva tiempo desplegando sus mochilas por pueblos, algunos de ellos con menos de 10.000 vecinos, con resultados desiguales. Una expansión que se ha producido de forma paralela a

Pero ahora es momento de volver al reparto.

El reparto con Joaquín

Joaquín tiene asignado un pedido poco después de comenzar su franja de trabajo nocturna. Por la mañana, ya ha echado otras tres horas repartiendo en patinete y ha ganado 23 euros brutos, pero ahora le acerca un amigo en coche. Pasado un cuarto de hora, ha hecho la primera entrega. “Lo del coche es una excepción y se nota, con el patín voy mucho más lento”, incide mientras espera otro pedido. Toca esperar y “puede ser un minuto o diez”. En caso de que esté esperand la comida en un establecimiento, cobra por la espera "hasta un máximo de 40 minutos". "Si pasa ese tiempo, lo cancelan y ya es problema de ellos”, indica.

Mientras tanto, explica los pormenores de su actividad. Aunque es autónomo, el alta y los pagos de las cotizaciones la gestiona directamente Glovo, como si se tratara de una gestoría. “Me pagan cada 15 días y cobran el mes de autónomo desde la app, que son 60 euros al mes, lo de autónomo lo gestionan ellos, te dan de alta ellos, pero de baja te tienes que quitar, es el inconveniente”. apunta, ya que paga la cuota más baja porque apenas lleva dos meses con este trabajo.

En su caso, trabaja unas 40 horas semanales. Generalmente, coge un turno de mañana que va de 11h –”la gente empieza a pedir desayunos”– a 15:30, más o menos. Después, por la noche, va de 20 a 23:30 horas. “Si quieres trabajar ese tiempo, lo haces, pero si quieres coger menos horas, no hay problema. Elijo cuando trabajar y también cuándo libro”, apunta.

Si no coge horas, el algoritmo no le penaliza, algo que sí pasa en las grandes ciudades. “Aquí somos solo tres y a veces faltan manos, hay mucho trabajo”, comentan. ¿Y qué pasa si nadie coge horas, por ejemplo, un sábado? “No habría servicio de Glovo ese día, pero es algo que no pasa, porque la gente sabe que hay trabajo esos días, además de que puede haber bonus”, responde.

“Muchas veces hay pocos pedidos. 1000 euros no creo que llegue a cobrar nadie aquí ahora mismo, porque solo haré unos seis pedidos al día porque mucha gente no lo conoce”, explica.

“No se asigna automáticamente el pedido, si hay uno, hay que cogerlo”

“Que te dejen propina es como decirte que va a llover justo ahora… Hoy me han dejado 50 céntimos al acabar el turno de mediodía, pero no se quien ha sido porque no lo dicen” El segundo pedido lo cobra en mano, “así que la empresa se lleva su parte y lo ajusta con lo que cobras a través de la app”. Han sido 23 euros, de los que él va a recibir algo más de 6. “Hay algunos que incluso llegan a 10, pero son muy pocos”, comenta, ya que hay un fijo por pedido y luego una parte variable según el precio del mismo y la distancia de entrega. Eso sí, “pagan igual uses el vehículo que uses”.

La gamificación de la plataforma también alcanza las bonificaciones para cobrar un extra por determinados pedidos. Son lo que se denomina ‘retos’. “Por ejemplo, te piden llevar ocho pedidos el mismo día a una hora determinada y te ofrecen 200 euros. Aunque la empresa se lleva una comisión, tú te llevas más dinero del habitual”, cuenta. Calcula que cada 15 días consigue llevarse a casa 350 euros limpios. Eso sí, alguna quincena ha conseguido duplicar esa cifra, trabajando más y haciendo los mencionados retos.

Ventajas

El servicio de Glovo en esta localidad también ofrece algunas ventajas, como que prácticamente todos los envíos sean gratuitos, aunque esa sea la parte de la que cobra el repartidor. “Glovo es nuevo aquí, así que supongo que eso seguirá hasta que mucha gente se anime y ya esté dispuesta a hacer ese pequeño gasto extra”. “Si un pedido vale 20 euros, yo cobro unos 4, y el resto queda entre el restaurante y Glovo, no sé cuánto se lleva cada uno”.

Segundo pedido

Ya ha llegado el segundo pedido y está en el mismo lugar que el primero: una hamburguesería local que arrasa entre los pedidos (de hecho, otro de los riders está allí, este con mochila). No obstante, en este pueblo también se pueden hacer encargos más allá de la comida rápida, incluidos platos típicos como el pisto.

“Estaría bien que creciese, porque habría más pedidos y ganaríamos más, pero por ahora poca gente sabe de su existencia. Por ejemplo, yo ni sabía que existía hasta que me lo ofrecieron. Si no generan suficiente, supongo que se irán”

“El restaurante tiene su aparato y no va muy bien, a mí me llega el pedido en 1 y a ellos en 10 y cuando llego no está hecho. Se quejan mucho por eso, los dias que llego se están quejando de eso”

Tercer pedido

Cuando va a recoger el tercero, este tarda más de la cuenta. Durante la espera, se le ha sumado otro pedido, así que recogerá y entregará los dos, una forma más rentable de hacer los repartos que Glovo implantó durante el confinamiento. No obstante, un percance en el camino ha hecho que tarde más de lo previsto en ir a recogerlo y la app lo sabe: “Si ven que no llegas en el tiempo habitual, te llegan notificaciones para decirte si vas a coger el pedido o lo pasan a otro rider. Por ahora no te penalizan, solo se lo pasan a otra persona”. “Nunca suelo tardar más de 25 minutos”

EL RESTO

Se trata de un caso más dentro de la expansión que Glovo está llevando a cabo por toda España. En algunos casos, se trata de municipios de 5.000 habitantes.

“Repartimos muy poco con ellos, quizá un pedido a la semana”, dicen en una hamburguesería de Punta Umbría, en Huelva. En Chicago 18 y El Fogón de Oliver, en Montijo (Badajoz) están a la espera de que se ponga en marcha. “Negociamos las condiciones para trabajar con ellos y estamos adaptándonos al servicio, pero ahora mismo no tienen riders aún, así que estamos a la espera”.

El lugar en cuestión actúa de cabeza de comarca, por lo que tiene una oferta más o menos amplia de restauración, tal y como pasa en muchos sitios, donde se puede encargar desde una comida típica a 'fast food' pasando por pasteles. En otros casos, solo llegan las franquicias, que casi siempre suelen ser Telepizza y Burger King.

En cualquier caso, en muchos sitios solo hay franquicias –casi siempre, Burger King y Telepizza–, en otros solo hay kebabs.

Es el caso de Los Montesinos, Alicante, con apenas 5.000 habitantes. Allí reparte el restaurante Casa Pili desde septiembre de este año. “En cuanto llegó el servicio me contactaron ellos, pero hay muy pocos encargos. En este tiempo me han llegado tres o cuatro pedidos de Glovo. Aquí Just Eat funciona mejor”, explica Otilia, encargada del establecimiento. “Ellos se llevan un porcentaje. Hasta ahora no había nada. Es un servicio más que damos y ya está, pero funciona mal. Necesitarían más publicidad para saber que están en estas zonas”.

En el Asador El Buen Comer, en Churriana de la Vega (Granada), decidieron repartir con Glovo, Deliveroo y Uber Eats tras los primeros meses de pandemia, en mayo de 2020. Pilar, su propietaria, comenta que al principio eran “pocos pedidos” y que, aunque ahora hacen “unos poquitos más, no llegan los repartidores de los pueblos de al lado”. “A los pueblos de al lado no llegan, tienen un ratio de 6km y no lo cumplen”.

“Hoy hemos tenido dos pedidos solo”, comenta la dueña del establecimiento, un asador de pollos que también prepara menús del día. También lo achaca a que una parte de su clientela “son personas mayores y no entienden del todo el manejo, necesitarían que se le pusiera más fácil”.

Por otro lado, indican que el ritmo de estas aplicaciones es (casi) de relámpago, porque “quieren que en 3 o 4 minutos esté todo preparado, y eso es casi imposible cuando tenemos cola en el local”. “Deliveroo y Uber Eats tardan más en venir y Glovo los tengo en 3 o 4 minutos”, comentan.

Al igual que el rider, los restaurantes cobran cada 15 días. De cada pedido, Glovo se lleva un 35%, pero “si tienes tus propios repartidores se llevan menos, un 14 o 16%”. “En muchos sitios suben el precio a los clientes para cobrar lo mismo que si vinieran aquí, pero de momento hemos mantenido precios”, comenta. “Me han ofrecido pagar algún extra de 50 o 60 euros por hacer promociones y que el local aparezca destacado, pero cuando vas justo no puedes hacer más”.

“A veces cuesta comunicarse con Glovo porque en ocasiones no aparece el teléfono”, cuenta y deja una anécdota. “También hacemos pizzas, pero le pusieron otro nombre y aparecía como un local distinto. Al final las retiramos de la carta y de Glovo, pero sigue apareciendo y siguen pidiendo”.

Esto luego lleva a que el local “se lleve una calificación mala porque tarda, pero si lo piden a la misma hora y hay cola, ¿por qué les tenemos que dar prioridad a ellos?”, se pregunta. “Luego siguen viniendo porque dicen que les gusta la comida pero falla la espera y te baja la puntuación. Empezamos en 5 y ya estamos en 4,4”.

ABOGADO

“Para mantener la apariencia de la ausencia de trabajo por cuenta ajena, Glovo gestiona las altas a través de una empresa aparte, que es suya”, comenta Víctor Llanos, abogado laboralista, que matiza que “es un indicio de laboralidad, pero no es determinante”. Eso sí, destaca que es “es llamativo que la propia empresa diga que esa gestoría puede hacer los propios trámites, porque lo facilitan hasta un nivel muy similar al que si fuera por cuenta ajena”. “No es suficiente para identificar que es un fraude de ley y son falsos autónomos, aunque rema a su favor”, subraya.

Llanos asevera que “lo que sí es determinante es la sentencia del Tribunal Supremo que condena a Glovo, donde se ve que realmente ellos no tienen una capacidad de organización de trabajo propia y están a expensas de la dirección de un tercero”. “Glovo no está respetando la sentencia del supremo y está buscando nuevas formas para esquivar la ley”, apunta.

Este abogado se muestra muy crítico con la llamada ‘ley rider’, ya que considera que “no ha dicho nada que no diga el Estatuto de los Trabajadores: “La presunción de laboralidad ya estaba inserta en el artículo 1, así que la ley rider no ha aportado nada nuevo”.

GLOVO

“Es dinero rápido”

No obstante, este ‘rider’ reconoce que no es un trabajo para estar muchos años, sino que “es para ganar dinero rápido”. “El primer año cunde un poco, porque te dan de alta y no tienes que andar con gestorías, pero la cuota va subiendo. Si estoy más de tres años y la cuota sube a 300 euros, no compensa, porque llegaría a 700 euros con suerte. Si quisiera llegar a 1.000 tendría que trabajar muchísimo más”, desarrolla. “Si llevara dos años, no consideraría trabajar con Glovo, porque casi la mitad del dinero se lo llevaría la cuota”.

En su caso, agradece que los horarios sean flexibles, ya que también tiene otros quehaceres. “Reparo móviles en mi casa, como particular, así que lo compagino en los huecos y tengo un dinero extra”, cuenta al respecto y no lo considera “un trabajo malo, solo hay que ir de lado a lado en bici, moto o patín, lo que tengas a mano, porque el vehículo es propio de cada uno”.



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