lunes, 27 de septiembre de 2021

La ajustada victoria de Scholz en Alemania dispara la incertidumbre en la era pos Merkel

Tras unas elecciones sin ganador claro, la incertidumbre se ha disparado en Alemania en los primeros compases de la era pos Angela Merkel. El nombre del sucesor de la popular canciller se conocerá solo tras unas difíciles y complejas negociaciones que podrían durar semanas e incluso meses. El socialdemócrata Olaf Scholz parte con una ligera ventaja. Así, según resultados oficiales, el SPD habría ganado con un 25,7% de apoyo, frente al 24,1% de la CDU-CSU del conservador Armin Laschet y la Unión Social Cristiana (CSU), que cae a mínimos históricos.

Los Verdes de Annalena Baerbock, que meses atrás llegaron a soñar con la cancillería, se quedarían fuera de la disputa con un 14,8%; mientras que los liberales de Christian Lindner consiguen un 11,5%, según datos de las encuestas a pie de urna. Sin embargo, ambos partidos serán cruciales para establecer la próxima coalición, que necesariamente pasa por un tripartito federal, el primero en la historia del país. La combinación, eso sí, es incierta, así como quién la liderará.

La confusión es grande en Berlín. Parece que ni Scholz ni Laschet obtendrán un mandato claro para formar Gobierno. La salida de Merkel tras 16 años deja los dos viejos grandes partidos empequeñecidos y con la interrogante de cómo de fácil será garantizar la estabilidad política en la principal economía europea. El viejo sistema de partidos ha saltado por los aires con la nueva correlación de fuerzas.

Los ultraderechistas de AfD habría obtenido un 10,5%, pero están bajo un férreo cordón sanitario que los descarta en cualquier pacto de gobierno. La Izquierda, con un 5%, está luchando por mantener su presencia en el Bundestag.

¿El perdedor? Ninguno

Con ese panorama tan reñido, tanto Scholz como Laschet intentaron apoderarse de la narrativa en la noche electoral y reclamaron el derecho a reemplazar a Merkel. "Los ciudadanos quieren que el próximo canciller se llame Olaf Scholz", dijo el socialdemócrata, jaleado por sus simpatizantes en la sede berlinesa del partido después de que se conocieran las primeras proyecciones. "Vamos a hacer todo lo posible por formar un Gobierno dirigido por la CDU-CSU", aseguró Laschet. Derrotado no se siente ninguno. Al menos, ninguno está dispuesto a mostrarlo.

Los vientos y las cifras preliminares soplan de arranque a favor de Scholz. Tras una campaña plagada de errores, Laschet carga desde el domingo con el sambenito de ser responsable del peor resultado de la historia de la CDU-CSU. Una pesadilla para el actual jefe de Renania del Norte-Westfalia, que arranca la jornada de este lunes con una reunión de la cúpula de su partido. Le urge primero cerrar filas en su propio grupo político para lidiar con las difíciles semanas que vienen. El fantasma de la dimisión ronda, aunque él lo niegue.

A. A.

Scholz no tiene esos problemas, tras conseguir que el SPD sumara más de 10 puntos al pálido 15% que le pronosticaban las encuestas como resultado al comienzo de la campaña. El vicecanciller y ministro de Finanzas ha sido quien mejor logró sintetizar el sentimiento con el que Alemania acudía a las urnas este domingo: querían al candidato más 'merkeliano' de todos y, al mismo tiempo, buscaban un cambio.

Juego de coaliciones

Las coaliciones tripartitas más viables son, por ahora, un 'semáforo' liderado por socialdemócratas (SPD, Verdes y FDP) o una coalición Jamaica encabezada por los conservadores (CDU-CSU, Verdes y FDP). Incluso los observadores creen que no se puede descartar de plano una reedición de la 'Gran Coalición' de SPD y CDU-CSU, aunque Scholz y Laschet juren y perjuren que no quieren saber más uno del otro y que ha llegado el momento de seguir caminos separados.

La llamada 'ronda de los elefantes', en que los líderes de los partidos salen a debatir tras las primeras proyecciones electorales, marcó el propio domingo el pistoletazo de salida para los acercamientos y negociaciones. El escenario es complicado, aunque ya se pudieron ver en los primeros gestos del debate algunas preferencias.

Scholz, más cómodo al ser presentado como el virtual ganador, hizo guiños a los socios que desea para su 'semáforo', en el que tendrá más difícil embarcar a los liberales que a los Verdes, con los que ha mantenido una buena sintonía política en campaña. "Aquí hay tres partidos que han sumado votos: SPD, Verdes y FDP", dijo en alusión a los mejores resultados en relación con la elección de 2017. "Otros, en cambio, han perdido voto. Eso también es un mensaje".

Laschet, en cambio, tuvo que responder a la pregunta de si renunciará al liderazgo de su partido en caso de que la CDU-CSU se vaya a la oposición. Algo que evitó contestar asegurando que buscará negociar su propio camino hacia la cancillería.

Carlos Barragán. Múnich

Los pinches, a cargo del cocinero

Durante el debate, el líder los liberales, Christian Lindner —al que se le suponen ambiciones por el poderoso Ministerio de Finanzas—, sorprendió con una declaración dirigida a los Verdes, proponiendo que ambos partidos se coordinen primero entre ellos para "estructurar" mejor las negociaciones. Es decir, decidir entre ambos a quién les conviene investir canciller. ¿Podría ser que los pinches de cocina decidan quién será el cocinero? Uno de los moderadores del debate usó directamente esa figura retórica, atribuida al excanciller Gerhard Schröder, para preguntarse cuántas concesiones tendrá que hacer el partido mayoritario a los minoritarios para que apoyen un tripartito.

Baerbock se negó en 'la ronda de los elefantes', pero el colíder de los Verdes, Robert Habeck, respondió más tarde a la propuesta de Lindner: que sí, por qué no. La declaración fue interesante, porque el revés electoral podría cambiar la aritmética del poder entre los ecologistas. Habeck, quien tuvo que renunciar a la candidatura verde, podría volver a llevar la voz cantante después de que se vea a Baerbock como responsable de que la formación cayera desde el 28% que llegaron a tener en las encuestas, que podría haberla coronado canciller.

Raúl Gil

El pragmático Scholz, el más parecido a Merkel entre los candidatos, goza de fama de buen negociador. Y Laschet, por su parte, es un superviviente político que ya logró imponer su liderazgo en el partido con el viento en contra. Ambos, el socialdemócrata y el conservador, manifestaron su deseo de conseguir forjar su respectivo Gobierno "antes de la Nochebuena". El póquer poselectoral ha comenzado. Las cartas están dadas, pero, hasta que salgan los resultados definitivos, todos parecen estar jugando con prudencia. Las negociaciones ya están en marcha en los primeros compases del fin de la era Merkel, en que la seguridad es la incertidumbre.



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