martes, 31 de agosto de 2021

La UE maniobra de urgencia para evitar una crisis de refugiados como la de 2015

El mantra para evitar que la crisis migratoria de 2015 se reedite en las fronteras europeas lleva repitiéndose en los pasillos de Bruselas desde antes que los talibanes se hicieran con el control de Kabul. Ahora, con los fundamentalistas ya oficialmente a los mandos de todo el país, esta es la consigna de la primera reunión del Consejo de la UE en el que se analizará la situación de Afganistán desde la óptica de los refugiados y de sus implicaciones para el proyecto comunitario.

“Queremos coordinar la postura europea sobre cómo responder al potencial impacto de la situación en Afganistán en materia de migración y de seguridad para la UE. El objetivo es desarrollar una batería de medidas que ayuden a prevenir un escenario como el de 2015, cuando los Estados miembros hicieron frente a una enorme presión migratoria”, señala la convocatoria del ministro de Interior esloveno, Ales Hojs, en nombre de la presidencia rotatoria del Consejo, que marca la agenda, el tono y los ritmos del bloque comunitario durante seis meses.

Rodrigo Alés

Los debates sobre refugiados son los más viscerales en la mesa de negociación europea. Más intensos incluso que los económicos o los de policía exterior. Los países aluden a las emociones, en uno y otro extremo, para defender sus posturas, en muchos casos radicalmente opuestas. Todavía resuena el ‘¡Merde alors!’ del ministro de Asuntos Exteriores luxemburgués Jean Asselborn ante los comentarios xenófobos de Matteo Salvini, cuando estaba al frente del ministerio de Interior italiano.

La reunión de este martes en Bruselas, a la que asistirá el ministro español Fernando Grande-Marlaska, no se espera más amena. Las posiciones ya llegan enfrentadas. Las divisiones son notorias y públicas no solo entre los Estados miembros, también en torno a las propias instituciones. “Estoy claramente en contra de acoger a más gente”, señalan en Austria. “La UE no puede ayudar y pagar a todos los que huyen del mundo”, convergen en Eslovenia. Otros países como Grecia han ido más allá y han construido un muro de 40 kilómetros en su frontera con Turquía para prevenir un éxodo afgano.

En el punto medio, Alemania ha mostrado su voluntad a sacar del país a unas 40.000 personas del país centroasiático después de este 31 de agosto, día final de facto para la retirada de las tropas internacionales tras 20 años, aunque ya no queda ninguna bota extranjera en el nuevo Estado Islámico de Afganistán —como han renombrado los talibanes al país—. El presidente italiano, Sergio Mattarella, ha señalado recientemente que no acoger a los refugiados afganos “estaría en contra de los valores de la UE”. Por su parte, el Parlamento Europeo liderado por David Sassoli y la Presidencia eslovena comandada por el populista Janez Jansa también han tenido un encontronazo tórrido en redes sociales por el discurso anti-inmigración de Liubliana —que se presupone neutro durante los meses en los que se ejerce la presidencia—.

Consenso en la dimensión exterior; división en la interior

Pero el objetivo prioritario del encuentro de hoy no es el de acordar un gran plan de reparto de solicitantes de asilo a nivel europeo. De hecho, la consigna es más bien la contraria: incrementar las ayudas a países de la región como Irán, Pakistán o Uzbekistán para que sean acogidos en la región. Nadie habla en la capital comunitaria de un reparto de cuotas obligatorias como el de 2015. El gran experimento acabó en fracaso político y sus resultados sacaron los colores a Europa: se reubicaron a poco más del 20% de las 160.000 personas comprometidas. Las divisiones en las capitales, con el grupo de Visegrado liderando el escuadrón anti-inmigración, son insalvables desde entonces.

La UE sabe que la crisis afgana no tendrá un impacto migratorio inminente. Las fronteras del país centroasiático están prácticamente selladas. También comienzan a emerger los muros y la contención en los países vecinos. Y las distancias a recorrer entre el país y el viejo continente, con un mar, montañas y desiertos mediante, son abismales.

L. P.

Este es uno de los factores fundamentales que diferencian la situación actual de la desatada con la guerra en Siria. Pero la urgencia radica en que Bruselas quiere adelantarse para que la situación no le explote en la cara sin un plan establecido, como ocurrió un lustro atrás. Europa ya ha tanteado a la propia Turquía —que acoge a cerca de 4 millones de refugiados sirios— como 'hub' para refugiados afganos, pero se ha topado con un ‘no’ frontal del presidente Recep Tayyip Erdogan.

Hay consenso total en incrementar la ayuda financiera a los países terceros y a agencias como Acnur, pero no hay nada que se le asemeje a la hora de dirimir las responsabilidades y la respuesta a nivel interno. Ursula von der Leyen, presidenta de la Comisión Europea, ha dejado claro que cualquier reparto será sobre una base voluntaria y en ningún caso impuesto. La llegada de refugiados a Europa no es inminente, pero el drama humanitario sí lo es: la ONU calcula que medio millón de afganos se verán obligados a abandonar el país hasta finales de año para huir del yugo talibán. El 80% de los que lo han hecho en las últimas semanas son mujeres y niños

La cita coincide con el último día de la misión militar de la OTAN en Afganistán. Los países europeos ya no cuentan con ningún contingente sobre el terreno. Italia ha sido el país que más colaboradores y personas en riesgo ha repatriado: más de 5.000. Cada país ha gestionado a su personal, pero la mayoría de ellos han asistido al Servicio Europeo de Acción Exterior a sacar a los 500 trabajadores de las misiones de la UE. Todos ellos han aterrizado en la base de Torrejón. España anunció que acogería a unos 50. El encuentro debería servir también para acordar el reparto de los “refugiados comunitarios”.



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