martes, 10 de agosto de 2021

El millonario Robert Durst niga haber asesinado a su amiga Susan Berman hace 21 años

El Juzgado de Los Ángeles (California, Estados Unidos) ha escuchado durante tres horas el relato del millonario Robert Durst, un hombre que, a sus 78 años, se ha subido por primera vez a un estrado para declarar como acusado de asesinar a su confidente, Susan Berman, en 2000. Pese a las pruebas que lo señalan, el procesado ha mantenido en todo momento su inocencia y ha asegurado que no tuvo nada que ver con ese crimen ni con la desaparición de su esposa en 1982, un caso por el que la víctima amiga iba a acudir como testigo pocas horas después de que acabaran con su vida.

En su turno de palabra, Durst ha tenido que responder no solo a las preguntas sobre cómo era su relación con Berman o si sabe quién la mató, sino que también se ha visto en la situación de tener que hablar de su pasado y de un episodio más que turbio: cómo presenció la muerte de su madre. "Puedo dar una breve narración", comenzó el acusado en el estrado.

"¿Qué diablos hice? Los maté a todos"

Su historia, sin embargo, quizá no sea tan desconocida para muchos, al menos para aquellos que hayan visto el documental 'The Jinx' (HBO), basado en su vida y las confesiones del acusado. La obra, que se estrenó en 2015, mostraba una versión más deteriorada del millonario; una versión que tanto él como sus abogados se han esforzado en acentuar durante su declaración ante el juez, tratando de apelar así a su mal estado de salud.

Pese a los intentos y negativas, la imagen que la opinión pública tiene de Durst es la del asesino que confesó tras las cámaras haber matado a su esposa, a un vecino y a su amiga periodista, Berman. Tras publicarse 'The Jinx' y ante el revuelo provocado, el multimillonario alegó estar drogado "con metanfetaminas" cuando habló en esas entrevistas. Más de veinte años después, no hay rastro de estas confesiones durante el juicio celebrado el lunes en la ciudad californiana.

Robert Durst niega haber asesinado a su amiga Susan Bernan hace más de 20 años

Lo que se juega el empresario con sus palabras es, nada menos, que una condena a cadena perpetua si es declarado culpable. El delito del que se le acusa ocurrió en diciembre del año 2000, cuando la periodista Susan Berman se encontraba en su casa de Berverly Hills y fue asesinada a tiros tan solo unas horas antes de que se encontrase con las autoridades para declarar por el caso de Kathleen McCormack Durst, una desaparición sin resolver desde 1982.

Previsiblemente, Durst fue tachado de sospechoso por los investigadores, pero el caso, ante la falta de pruebas, se archivó y unos años más tarde, en 2003, el empresario volvió a ser acusado de otro asesinato, el de un vecino de Texas que cuyo cuerpo fue desmembrado. Tantas acusaciones pesaban sobre él que los conductores del documental investigaron al respecto. Fruto de estas indagaciones, lograron filtrar unas grabaciones en las que el acusado se delataba él solo: "¿Qué diablos hice? Los maté a todos, por supuesto". Estas declaraciones provocaron su detención e ingreso en prisión un día antes de que se emitiera.

Un anónimo y un asesinato oportuno

En el juicio, sin embargo, ha optado por un borrado de imagen y tanto su defensa como él han apelado a su mal estado de salud. Según explicó en declaraciones recogidas por Reuters, ha sufrido cirugías por cáncer de esófago y vejiga, presión arterial alta, osteoporosis, neuropatía, enfermedad renal crónica y enfermedad pulmonar obstructiva crónica o EPOC. "Me preocupa su capacidad para sobrevivir y su capacidad para comprender preguntas complejas, tanto directas como en el contrainterrogatorio", declaró su abogado, según informa CNN.

Sin embargo, a pesar de las dolencias e inestabilidad física de Durst, están empeñados en resolver, de una vez por todas, el asesinato de la periodista; un crimen que no dejó huellas ni testigos y del que solo conservan una nota anónima que llegó ante la Policía con la dirección de la casa de Berman y una única palabra escrita: "cadáver". Al principio, el acusado negó haber escrito eso, pero años más tarde, fueron sus abogados quienes reconocieron que sí lo hizo pero que eso no demostraba su autoría en el asesinato.



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