martes, 31 de agosto de 2021

De EEUU en 2021 a la URSS en 1989: la última imagen de la retirada de Afganistán

En una imagen, el helicóptero en el que se evacúa a los diplomáticos estadounidenses de la Embajada en Kabul mientras los talibanes toman la capital de Afganistán; en la otra, algo parecido: otro helicóptero evacúa a los diplomáticos estadounidenses de la Embajada en Saigón, la actual Ho Chi Minh, después de que el Ejército Popular de Vietnam y el Vietcong tomaran la capital de Vietnam. No hay más que ver las imágenes de la toma de Kabul y del repliegue del Ejercito estadounidense de Afganistán para recordar escenas similares, como esta que tuvo lugar en abril de 1975 cuando se puso fin a la guerra de Vietnam.

Aunque no solo esta imagen recuerda a acontecimientos históricos anteriores. Christoper T. Donahue (1969) pasará a la historia por ser el último soldado estadounidense en abandonar Afganistán. Su imagen, tomada con un dispositivo de visión nocturna, se quedará plasmada en los libros de historia como otras del pasado ya se han quedado marcadas para siempre. La fotografía del soldado Donahue, comandante de la 82.ª División Aerotransportada de las Fuerzas Armadas, ha sido la elegida por el Mando Central para marcar el fin de una misión que ha durado más de 20 años.

Otro momento de la historia comparable a este es el que se captó cuando el Ejército soviético abandonó Afganistán, hace ahora 32 años. La guerra afgano-soviética fue la última de la URSS, y la que supuso el inicio de su desintegración. Y aunque tanto la retirada estadounidense reciente como la soviética entonces se llevaron a cabo de un modo completamente diferente, al menos lograron evitar la derrota sufrida por el Reino Unido en la primera guerra anglo-afgana, en 1842, perfectamente retratada en el cuadro 'Restos de un ejército' de Elizabeht Thompson, donde se puede ver al cirujano militar William Brydon balanceándose en la silla de un caballo casi más exhausto que él, tal y como relata Reuters.

Cuando los soviéticos abandonaron Kabul, en Afganistán aún estaba en el poder un gobierno comunista que contaba con el apoyo de Moscú, y su Ejército aún seguiría luchando varios años más; cuando lo hicieron los estadounidenses, Washington ya había anunciado su salida del país en una operación fallida y la capital ya estaba en manos de los talibanes. Frente al soldado Donahue, el general Boris Gromov, comandante de la 40.ª división del Ejécito soviético en Afganistán, fue entonces el último en abandonar el país, en 1989, con un ramo de flores rojas y blancas en la mano y acompañado de su hijo, tal y como se puede ver en la imagen que los captó cruzando el puente sobre río Amu Daria.

La salida de los 50.000 soviéticos fue relativamente ordenada, aunque el último de los soldados de Gromov aún sufrió ataques aislados mientras se dirigía al norte del país, hacia la frontera con Uzbekistán, pese a que habían pagado a grupos 'muyahidines' para asegurar el camino. La columna de Gromov cruzó el Puente de la Amistad el 15 de febrero de 1989, poniendo fin a una guerra que duró diez años y en la que perdieron la vida más de 14.450 militares rusos. Al preguntarle a Gromov sobre su regreso a la URSS, se dice que respondió que sentía "alegría". "Cumplimos nuestro deber y volvimos a casa. No miramos atrás".

La de los estadounidenses fue más atropellada, violentada por el camino por una serie de atentados en el aeropuerto de Kabul, en los que murieron cerca de 200 personas (incluidos varios estadounidenses), reivindicados por la filial afgana de Estado Islámico, y siempre bajo la advertencia de la fecha límite, el 31 de agosto. Donahue y sus compatriotas quizás no vivirán con la misma tranquilidad con la que se fueron los hombres de Gromov. Los estadounidenses se llevan imágenes como aquellas en las que padres les dejaban en sus manos a sus bebés a través de una alambrada, u otras en las que jóvenes perdían la vida al caer del tren de aterrizaje del avión al que se habían aferrado para intentar huir.

La evacuación de los estadounidenses se juzgará, además, por la cantidad de personas que sí lograron salir del país y los muchos que se quedaron atrás: según estimaciones de la sociedad civil, hasta 60.000 afganos que colaboraron con el Gobierno estadounidense, la CIA o el personal diplomático en los últimos 20 años no han podido ser evacuados, ni tampoco sus familias, por lo que corren el riesgo de sufrir represalias por parte de los talibanes.



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